viernes, 11 de diciembre de 2015

VAMPIROS EN POESÍA Y PROSA


VAMPIROS EN POESÍA Y PROSA
           
“La figura vampírica aparece en literatura a comienzos del siglo XIX, de la mano de alguien tan ilustre como Goethe, que trata el tema en La novia de Corinto, aunque poco antes ya había sido insinuado por Burger en su Eleonora. La creación de Goethe entusiasmó a los románticos alemanes e ingleses, pero fue un autor mucho más oscuro el que escribió el primer cuento de vampiros del estilo “capa negra y colmillos” que luego se ha hecho famoso. William Polidori, médico y secretario personal del poeta Byron, escribió El vampiro en aquella misma noche célebre a orillas de un lago suizo en la que, por una apuesta, la casi adolescente Mary Shelley inventó a Frankenstein y su Criatura. (...) Lord Ruthven, el personaje creado por Polidori, es el padre de Drácula y los demás vampiros clásicos de la literatura fantástica contemporánea. La historia fue publicada en abril de 1819 en el “New Monthy Magazine”.
            En 1847 se publica una novela anónima titulada Varney el Vampiro o el Festín Sangriento, que muchos atribuyen al prolífico autor popular Thomas Preskett Prest. (...) Desde un punto de vista estrictamente literario, el cuento de Joseph Sheridan Le Fanu Carmilla es mucho más exquisito y contundente. Le Fanu, escritor irlandés, es sin duda uno de los mejores autores de relatos de fantasmas de todos los tiempos. Su Carmilla, publicada en 1872, es una historia turbadora y llena de sugerencias eróticas: la protagonista, una joven de origen desconocido recogida por un viejo militar inglés, resulta ser una reaparición de la condesa Mircalla Karstein, muerta años antes, y se apodera del alma y del cuerpo de la hija de su generoso huésped. Llena de insinuaciones homosexuales muy audaces para la época victoriana en que fue escrita, Carmilla ha sido llevada libremente varias veces al cine, destacando en estas adaptaciones la sublime Vampyr, de Dreyer (para algunos, la mejor película de vampiros jamás realizada) y la discreta Et mourir de plaisir, de Roger Vadim.
            (...) Pero la verdadera leyenda literaria del vampiro, de la que hoy se alimenta nuestra imaginación, comienza con la novela Drácula, de Bram Stoker. Éste nació en Dublín, en 1847, y sólo ocasionalmente se dedicó a escribir: su auténtica profesión fue la de empresario y representante teatral. (...) Drácula está escrita en forma de novela epistolar, un recurso muy típico de finales del siglo XVIII, pero que se mantuvo a lo largo de gran parte del XIX; logra mantener la tensión amenazante a lo largo de muchas páginas. No está claro cómo le vino a Stoker la idea de componer su libro. Según testimonio de su hijo, todo empezó con una pesadilla del escritor en la que soñó con un rey vampiro que se levantaba de la tumba para cometer diversos crímenes. Pero otras fuentes señalan que tomó la semilla del argumento de una cena con Arminius Vambery, profesor de Lenguas Orientales de la Universidad de Budapest, quien le contó numerosas historias sobre Vlad el Empalador y diversas leyendas de vampiros, usuales en los Cárpatos. Lo más verosímil es que Stoker mezclase varias fuentes y diversas inspiraciones para crear su historia.


            (De Sombra y asombro de los vampiros, de Sara Torres. Publicado en la revista de cine “Nosferatu”. Abril, 1991).

martes, 8 de diciembre de 2015

"DRÁCULA". Último tramo de lectura


Semana del 7 al 13 de diciembre: acabamos la novela: desde la página 204 (Del diario del doctor Seward. 28 de octubre) hasta el final. 

"Ciencia de la época victoriana tardía y la estructura epistolar de "Drácula". Terry Scarborough


CIENCIA DE LA ÉPOCA VICTORIANA TARDÍA Y LA ESTRUCTURA EPISTOLAR DE DRÁCULA (fragmento)

   La oscura especulación sobre el ser humano no era nueva para los victorianos. La aparición, a finales del siglo XIX, de la criminología, la antropología, la psicología evolucionista y la teoría de la degeneración articuló las ansiedades sobre la posibilidad de intrusiones atávicas en el mundo empírico, que nutrió obras de la literatura popular como El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (The Strange Case of Dr. Jekyll and Mr. Hyde) (1886), de Robert Louis StevensonEl perro de los Baskerville (The Hound of the Baskervilles) (1901), de Sir Arthur Conan Doyle, y Jude el oscuro (Jude the Obscure)(1895), de Thomas Hardy, por nombrar sólo algunas. Pero en ningún lugar estas preocupaciones están más explícitamente dirigidas hacia el debilitante progreso científico y tecnológico como en Drácula (1897), de Bram Stoker. Con la magnífica estructura epistolar de Drácula, Stoker representa un modelo antidialéctico a través del cual lo viejo se vuelve nuevo, y los modelos de negación y síntesis son interrumpidos por la categoría paradójica de lo no-muerto. Mientras Drácula reduce la premisa y la conclusión a un ciclo continuo a través del cual los atavismos amenazan con subsumir la supremacía científica y tecnológica, el no-muerto emerge de las sombras de la especulación para desestabilizar los mismos cimientos de la cultura victoriana.

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